72 años soñando el toreo. ¡Felicidades “Bombé”!

bombe1Al igual que la Iglesia Católica propone a los Santos como modelo de vida a seguir, de haber una religión propia de los aficionados prácticos taurinos, sin duda alguna, Juan Hidalgo “Bombé”, en unos años (Dios quiera que sean aún muchos) formaría parte de su propio santoral.

Y es que, hablar de Juan es hablar de campo y reses bravas, de ganaderías y tentaderos, de tapias y maletillas, de trastos y suertes. Hablar con Juan es impregnarse de amor por el toro bravo, de pasión por la Fiesta, de afición al toreo. Una afición que en Juan se desborda, se desparrama. Es la misma afición desmedida que, ya en su juventud, llevó a Juanito a saltar de espontáneo a un ruedo por primera vez con sólo 15 años. O a abandonar el hogar paterno a los 16, hatillo en mano, sin rumbo fijo pero con un objetivo claro: Ser torero.

Pero la suerte le fue esquiva y los sueños toreros de Juanito se fueron desvaneciendo poco a poco. La gloria efímera, la fama, los millones… no entraban en los planes que Dios tenía preparados para él en aquella época. Los grandes triunfos le estaban reservados para más adelante y de una manera más íntima, más sencilla, más verdadera. En primer lugar en el seno de su familia. Posteriormente, y de la mano de la Asociación de Aficionados Prácticos Taurinos de Córdoba, le han llegado los triunfos toreros.

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Con la llegada de su jubilación laboral, los rescoldos toreros de Juan se avivaron, y Dios, como queriendo saldar una antigua deuda con él, puso en su camino a la APTC. Y se produjo la simbiosis perfecta. APTC devolvió a Juan la ilusión del maletilla, el contacto con los trastos de torear y el campo bravo, le dio aire fresco que le permitía respirar de nuevo en torero. A su vez, Juan se ha convertido en todo un referente para los aficionados prácticos taurinos de Córdoba. Juanito es sinónimo de afición, afán de superación, esfuerzo, perseverancia, puntualidad, sacrificio, entrega…Su ejemplo es la mejor motivación para cualquier miembro de APTC.

Aprovechando la celebración de su cumpleaños en una fecha tan peculiar como el propio Juanito, el 29 de febrero, APTC, con la connivencia de la familia, le preparó un homenaje sorpresa. A la cita acudió su extensa familia casi al completo y la práctica totalidad de los integrantes de APTC. Nadie se lo quería perder, lo que da una idea de la calidad humana de Juan, un tío cabal que lleva por bandera la generosidad, la sencillez y la humildad, cualidades cada día más difíciles de encontrar en nuestra sociedad.

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Fue un día grande para Juan y para APTC, quien, con este acto, tan importante como el que más de su trayectoria, dignificó los valores inherentes a la tauromaquia personificados en Juanito.

En la jornada se sucedieron los momentos emotivos. En ocasiones resultó muy complicado contener las lágrimas ante tanta muestra de cariño por una parte y de agradecimiento por otra. Pero Juanito aguantó el tipo, afloró su casta torera y se fue sobreponiendo a cada uno de los envites emocionales a que fue sometido su enorme corazón.

Pero, por encima de los merecidos obsequios, recuerdos, reconocimientos y el cariño con que fue agasajado continuamente por todos los presentes, estoy convencido de que el momento en el que las pulsaciones del corazón de Juanito alcanzaron su ritmo más alto fue cuando se le comunicó que había dos becerros enchiquerados para él. Juan cumplía un año más, 72, pero su espíritu rejuvenecía 50.

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Y Juan se transmutó. Se dispuso a disfrutar de nuevo de lo que durante tantos años le había faltado. Disfrutó viendo un traje corto preparado para que se lo enfundara. Disfrutó de un mozo de espadas mimándolo mientras se vestía. Disfrutó de cada uno de sus pasos haciendo el paseíllo más lento que nunca. Disfrutó de la compañía en el ruedo de una cuadrilla de lujo que además lo adora. Disfrutó del aplauso y el cariño de un público entregado. Pero, sobre todo, disfrutó toreando. “Bombé” se sobrepuso a la condición de los dos únicos protagonistas que no quisieron sumarse al homenaje. Se sintió torero, se gustó, se entregó. Dio muestras de su valor sereno y estoico. Erguida la planta, los pies asentados. Y fue desgranando, uno a uno, pases llenos de enjundia, de personalidad, de sabor, de toreo añejo. Fueron unos pases para el recuerdo, para degustarlos lentamente con el paso del tiempo, porque, sin duda, quedaron marcados en la memoria de los allí presentes.

A buen seguro que, por encima de todo, esa fue la mayor satisfacción de “Bombé” en toda la jornada: el haber arrancado el olé sentido y sincero de un puñado de buenos aficionados más allá de la amistad y el cariño que le profesan. Unos aficionados que se sienten afortunados de poder disfrutar, en el día a día, de la amistad de Juanito, y, en el campo, del toreo de “Juan Hidalgo”.

¡Grande Bombé! ¡Que cumplas muchos más!

Manuel Arrebola

Fotos: Jesús Romero / Israel Jiménez