A propósito de Ricky…

Que los momentos económicos actuales no son fáciles es una verdad que nadie pone en entredicho. Pero que entre el, en ocasiones, desánimo general, siempre hay algún navegante que halla tierra también es verdad.

Pero en Córdoba, donde tan faltos de ingenio en ocasiones estamos, no hemos tenido suerte en los últimos años. Sin lugar a dudas, la situación general se ha cebado con la Córdoba taurina. La crisis ahonda profundamente la herida económica del Coso de los Califas, y según dicen algunos, la plaza no es rentable.

Y así nos va la vida. Nos hemos dejado, desde hace unas temporadas, en manos de cualquiera. Cualquiera venía, nos contaba un ilusionante proyecto y ¡cómo no! nosotros caíamos…

Vamos a ver. Amanecemos una temporada con una magnífica campaña que Taurotoro titulaba “Córdoba 5mil”, mediante la cual preveían llegar a ese número de abonados. Magnífico proyecto sin lugar a dudas. Al finalizar esa misma temporada, las huestes de González de Caldas se marchaban de Córdoba y ese proyecto quedaba durmiendo el eterno sueño de los justos.

Volaba la empresa pero parecía que era para mejor porque venían a Córdoba nada y menos que los Martínez Flamarique, empresa entroncada con una saga histórica de empresarios taurinos. Y más de lo mismo. El petardo fue mayúsculo y su salida inminente tras la segunda temporada. Se limitaron durante su gerencia en Córdoba a lo tradicional en estas lides: venir un mes antes de la Feria, presentar los carteles, abrir las taquillas, dar la Feria y desaparecer hasta el año siguiente. Ni rastro de nuevas ideas, innovación ni nada que se le pareciera.

Apareció entonces Ricardo Ramírez, que se ponía al frente con una empresa de casi impronunciable nombre: Ramguertauro. Buenas ideas pero con poco fuelle. El pago fraccionado de abonos así como la apertura de taquillas en octubre anticipaba un proyecto que quería nacer con credibilidad. Al frente, Antonio Tejero, banderillero cordobés que conoce perfectamente nuestra idiosincracia. ¿Pero qué es lo que pasó? Pues nuevamente lo mismo. Antonio Tejero salió de la empresa por no sentirse ya identificado con la idea primigenia. Al cabo de casi un año nos enteramos que había toreros que aún no había cobrado en su totalidad su sueldo.

A partir de aquí ya todos lo sabemos. Tira y afloja entre la propiedad de la plaza y la empresa concesionaria que ha acabado en los tribunales. Y lo que es peor la celebración de la feria está en el aire.

Es comunmente aceptado por casi todos que el público de Córdoba es raro, que le cuesta ir a la plaza… etc. Pero lo que hace falta aquí es alguien que no piense así. Alguien que tenga la lucidez suficiente como para pensar que no es apatía sino que es imposible que, por ejemplo, un matrimonio gaste ochenta euros para dos horas de toros, alguien que vea claro que en Córdoba tiene que haber medias entradas para niños exactamente igual que las hay en el fútbol. Alguien que vea que un niño no puede pagar cuarenta euros por un tendido para ver a los que deben ser sus ídolos… Todas esas cosas que vemos los aficionados.

Al público de Córdoba lo han echado de la plaza. Sí, sí, así de duro es esto… lo han echado. Los han echado las empresas y también lo ha echado la propiedad que en la época de las vacas gordas, cuando Finito y Chiquilín, no plantó esa semilla para el futuro.

¿El público de córdoba era mejor en los años noventa? ¿Y cuando Victorino Martín llenaba los Califas también lo era?

¿Y ahora quien vuelve a traer al público? Desde luego que con la feria que quería presentar el Señor Ramírez no va a volver nadie que se fuera hastiado. Si encima sube los precios como lo ha hecho pues sinceramente, apaga y vámonos.  Ha compuesto una feria que igual vale para Córdoba que para un pueblo de la Mancha. Una feria sin alma. Sin explicación. Sin lógica.

La sociedad Propietaria está ante una encrucijada histórica y no deben olvidar que aunque es una empresa privada, manejan un espectáculo de interés general. Y en defensa de ese interés general deben actuar.

La rotunda decisión que ha tomado en relación a los carteles de feria es positiva, pero llega tarde. Llega tarde porque todos tenemos un límite y puede llegar el momento en que literalmente se “coman” la plaza. Que no haya relevo generacional. Que no se fomente el interés por acudir a la plaza. Que uno se harte ya de que lo toreen, de que le suban los precios de forma abusiva…. De tantas y tantas cosas.

Por eso, anden con mucho ojo. Los aficionados les pueden dar la espalda abiertamente. Ahora más que nunca, este toro tan complicado le toca lidiarlos a Ustedes, señores propietarios.

¡Suerte!

Nota: La primera idea que les ofrezco. Abran a la venta todas las localidades del Tendido 2. Cualquier empresario de categoría se lo agradecerá y deberá redundar en una bajada de precios al resto de público y abonados. ¿Serán Ustedes capaces de sacrificarse?

Rafael Sánchez Pineda