Aquel 23 de mayo de 1991

alternativafinitoAllá por el 89/90 me entró el “gusanillo del toro”. Cambié las fotos de cantantes y artistas de mi carpeta del instituto por las de toros y las de un torero: Finito. Empecé a ir a tertulias taurinas y cuando mis amigas ahorraban para ir de concierto, yo lo hacía para ir con mis amigos a los toros. El toreo me había cautivado; en ese momento no era consciente de lo importante que el mundo del toro y Finito de Córdoba iban a ser en mi vida personal y profesional.

Hoy se cumplen 25 años desde que Finito de Córdoba tomara la alternativa en el Coso de Los Califas y aún lo recuerdo como si fuera ayer. Me acuerdo cómo iba vestida, dónde estaba sentada y qué hice ese día. Cierro los ojos y en mi mente se recrea cada minuto. Han pasado 25 años…  No tenía yo ni los dieciséis, pero lo recuerdo como se fuera ayer. Una sonrisa ilumina mi rostro y la nostalgia se apodera de mí.

…La feria estaba en el Paseo de la Victoria y ese día en las calles había un ambiente distinto, especial. Los cordobeses estaban alegres, sonrientes. Los alrededores de la plaza de toros eran un hervidero. Los reventas hacían su agosto en mayo, nadie se quería quedar sin su entrada para ese día, incluso los habían que habían dormido en Los Califas para comprar una entrada, como si los Rolly Stones vinieran a actuar a Córdoba.  Sin duda, estábamos viviendo algo histórico: la Córdoba taurina, aquella de la que me hablaba mi abuelo, había despertado.

Cuando faltaban unos minutos para las siete de la tarde, Finito salía por la puerta principal del antiguo Meliá Palace, de blanco y oro, y no lo hacía solo: cientos de cordobeses lo esperaban para desearle la mayor de las suertes. Cartel de NO HAY BILLETES, Córdoba y España volcada con un torero que prometía devolver a Córdoba todo aquello que décadas atrás fue el mundo del toro.

En la plaza se respiraba un “run run” especial y, aunque las cosas no salieron como se esperaba artísticamente, los aficionados salieron hablando de toros, ilusionados por volver a ver a un torero de los suyos. El toreo había triunfado y Finito, ese torero que tanto tiempo llevaba esperando Córdoba, había conseguido que varias generaciones de cordobeses se hicieran aficionados a la tauromaquia.

Los cordobeses tenían ganas de toros, ganas de torero y, Juan Serrano Pineda “Finito de Córdoba”, se convirtió en un referente, en un ídolo, en ese torero que tanto tiempo llevaba esperando Córdoba.

Ese joven con cara de niño y fina figura esbelta, había cautivado el alma taurina de muchos cordobeses, incluso la de aquellos “Manoletistas” que pensaban que el toreo del bueno, el de verdad, se había ido con el torero de Santa Marina.

Desde aquel 23 de mayo de 1991 han pasado muchas cosas, unas buenas y otras no tanto, pero sobre todo ha habido faenas para el recuerdo que por siempre permanecerán en la retina torera de muchos cordobeses.

Finito ha evolucionado y madurado, ha dejado de ser Finito para convertirse en Fino. Un hombre con una afición infinita, una voluntad de hierro, una elegancia y una plasticidad fuera de lo común, un torero de verdad -de los que ya quedan pocos- unas muñecas prodigiosas, una cabeza privilegiada, una técnica envidiable, con un amor al toro como pocos. En definitiva, un romántico del toreo que siente y nos hace sentir ese toreo eterno que solo sale de sus muñecas, de su cabeza y de su alma.

En estos 25 años hemos vivido y sentido muchas cosas bonitas que han conseguido alimentar mi alma taurina.

Recuerdo largas cordobesas únicas, medias de cartel de toros, ese toreo a la verónica meciendo el capote con la misma ternura que una madre mece a su hijo recién nacido, llevando al toro con cariño, ternura y una plasticidad sin parangón;  ese juego de muñecas que solo los artistas poseen. Pero Fino no solo hace sentir con su toreo de capote, haciendo el paseíllo, vestido de torero, en el campo, entrenando de salón en la sierra de Córdoba o en el salón de su casa. Este torero desprende elegancia, arte y sentimiento, transmite verdad de esa con la que se te encoje el alma, de esa que necesitas para seguir viviendo.

Si hablamos de Fino no podemos dejar de hablar de su toreo al natural, “ainss Dios mío, ¡qué mano izquierda”!, cómo los lleva, cómo los mece, cómo los somete, cómo les baja la mano, cómo los hace humillarse, cómo conoce al animal, ¡qué mente más lúcida!, cómo es capaz de perdonarle la vida a un toro haciéndonos vibrar, cómo es capaz de conseguir que amemos este arte por encima de todas las cosas.

¡Cuánto te debemos, Fino! ¡La Córdoba Taurina jamás podrá devolverte todo lo que nos has dado! Y pongo Córdoba  cuando quiero decir España, Francia, Hispanoamérica, todo el planeta taurino. Como he oído más de una vez: “¡Si el Fino no hubiera nacido, habría que haberlo inventado!”

Este año se cumplen 25 años de la alternativa de Finito de Córdoba y, todos los que amamos la tauromaquia, tenemos la obligación moral de devolverle aunque sea una pequeña parte de todo lo que nos ha aportado. Los homenajes y reconocimientos están muy bien y hay que hacerlos, pero los toreros donde más a gusto están es toreando en una plaza de toros.

Fino y la Córdoba Taurina se merecen que el sábado 28 de mayo llenemos el Coso de Los Califas, no sólo por Finito, sino por el toreo, para demostrar que este bendito arte sigue vivo, que somos muchos los que amamos y sentimos con la tauromaquia y, sobre todo, porque somos muchos los que queremos inculcar a nuestros hijos todos los valores que tiene el toreo. ¡25 años del Fino se merece un lleno en Los Califas!

Carmen del Río

Foto: Framar