Devociones toreras

sin-titulo01De histórica podríamos calificar la relación de los toreros cordobeses con nuestras hermandades. Desde “Lagartijo” hasta nuestros tiempos, todo el orbe cordobés taurino ha sentido la necesidad de rendirse en devoción hacia diversas imágenes. 

Como no, destaca la cofradía de nuestro Padre Jesús Caído y María Santísima de la soledad, radicada en el convento carmelita de San Cayetano. Es, por antonomasia, la COFRADÍA DELOS TOREROS, con mayúsculas. No en vano, han pertenecido a ella importantísimos toreros cordobeses, desde “Lagartijo” hasta “Manolete”, llegando a ser ambos incluso Hermanos Mayores de la corporación carmelita. De ahí también el amplio patrimonio sentimental del que dispone la hermandad, que en forma de recuerdo, conserva en las vitrinas de su casa de hermandad. Vestidos y trebejos de torear se exponen, dejando a las claras la torería de esta cofradía.

De hecho, cada jueves Santo, son decenas los matadores, banderilleros, novilleros, mozos de espada… que acompañan y casi escoltan al Señor Caído por las calles de Córdoba, en lo que se convierte en muestra de una devoción intangible y contenida. A su lado no faltaba nunca Rafael Soria “Lagartijo”, sobrino de “Manolete”, que este año, por vez primera, lo acompañará desde el cielo en su eterno discurrir por las calles de Santa Marina.

José María Montilla, “Chiquilín” y el valenciano Enrique Ponce, que vuelve a abanderar su cordobesismo, suelen abrir el imaginario paseíllo que el Caído les va trazando. A ellos se suman José Luis Torres, matador del vecino barrio del Campo de la Merced, banderilleros de la talla de Antonio y José María Tejero, y muchos más… todos caminando en duelo.

Virgen de los Dolores CoronadaPero la del Caído no es la única cofradía torera. La mayor devoción mariana de Córdoba, se centra en la Plaza de Capuchinos. Y desde allí, la Virgen de los Dolores Coronada ha extendido su protección a todos los toreros. “Manolete” le dispensaba una especial atención. Cuando desde su casa en la Plaza de la Lagunilla se encaminaba por las escaleras del Bailío hacia la Madre de Dios, siempre hacía un alto en el azulejo, se persignaba en una breve oración y partía para verla en su camarín, en plenitud… Decía, en tono de humor, que antes de verla directamente se tenía que “entrenar” un poco ante el azulejo.

Hay que recordar que el mismo día, nueve de mayo de mil novecientos sesenta y cinco,  se coronó canónicamente a la Virgen de los Dolores, por la mañana en la explanada del entonces Hotel Palace, y por la tarde se inauguró la nueva plaza de toros de Ciudad Jardín, hoy Coso de los Califas.

Asimismo, diversos diestros han apadrinado a imágenes en nuestra semana Santa. Manuel Calero Cantero “Calerito” lo fue, en 1954, de nuestro Padre Jesús de las Penas, de la popular hermandad de los gitanos, radicada entonces en la Parroquia de Santa Marina de Aguas Santas, y más recientemente, en el albor de los noventa, Rafael Jiménez González “Chiquilín”, entonces un prometedor novillero en la cresta del escalafón, hizo lo propio con Nuestra Señora de la Caridad, de la Cofradía del Buen Suceso.

sin titulo02La vinculación no ha sido superficial. El compromiso ha sido mucho más profundo. Y Así, el mundo del toro, históricamente se ha volcado en la labor social de nuestras cofradías, a cuyo beneficio se organizaban festivales taurinos. Entre las hermandades más activas podemos encontrar a la de la Virgen de las Angustias (decana de las hermandades cordobesas) y como no, a la de Jesús Caído. Otras hermandades también lo hicieron en ocasiones puntuales, destacando la organización de espectáculos taurinos a beneficio de la hermandad servita de Los Dolores, la cofradía de la Paz e incluso el Descendimiento. Más recientemente, hace algunos años, el banderillero cordobés Antonio Tejero, comprometido con la Hermandad del Caído, organizó un festival a su beneficio.

Muchas también son las ocasiones en que las imágenes de nuestra devoción han vestido sayas o túnicas toreras. La primera de la que se tiene constancia es la túnica que Rafael Molina Sánchez “Lagartijo”, a la sazón Primer Califa del Toreo, regaló al Caído de San Cayetano. Túnica con la que, en ocasiones, aún se puede ver ataviado al Cristo atribuido al círculo de José de Mora. Pero ésta no ha sido la única ocasión en la que un diestro cordobés ha regalado un terno de luces a su cofradía.

Maria Santisima de la Paz y EsperanzaCon vestidos de “Zurito”, “El Pireo” y “Calerito”, la Hermandad de la Esperanza enriqueció su manto bordado por las Adoratrices. Y más recientemente, el banderillero cordobés Rafael Rosa, regaló un magnífico terno grana y plata a María Santísima dela Paz y Esperanza, la Virgende su cofradía, a la que quiere desde pequeño y a la que reza antes de partir para la plaza, con la que se le confeccionó una sensacional saya torera. Espectacular.

En unos momentos tan tensos como el paseíllo, algunos toreros se sentían confortados con la presencia de sus Titulares. A recordar, el magnífico capote de paseo que lucía en las ocasiones especiales “Chiquilín”, con la efigie bordada del Caído. Manuel Benítez “El Cordobés“, V Califa del Toreo, dispuso que le bordaran ala Virgende los Dolores en un capotillo de paseo que, antes de la laboriosa reforma, estuvo expuesto en el Museo Taurino de Córdoba.

El futuro nos depara, a buen seguro, una profundización de esta devoción que no es sino un explícito reconocimiento a nuestros ancestros. Córdoba seguirá pariendo toreros. Y los toreros cordobeses seguirán amando a su Santísima Madre y a su Hijo. Sin estridencias. Con silencios reflexivos. Con aroma a esa Córdoba profunda y olvidada que quizás sólo vuelve a renacer cada primavera, cada Semana Santa.

Rafael Sánchez Pineda