El desierto… y Roca Rey

El peruano corta la única oreja de un descastado encierro de Zalduendo

La Tauromaquia basa su existencia en el toro. Cuando no hay toro no hay Tauromaquia con mayúsculas. Podrá haber fiesta pero no Tauromaquia. Y esto precisamente fue lo que pasó en nuestro Coso de los Califas. Se encerraron seis toros de Zalduendo que nunca deberían haber saltado al albero cordobés. Ni por presentación ni por juego. Muy justos de presentación, por ser condescendientes, especialmente por delante, con unas arboladuras, diríamos, comedidas, y con una falta de casta preocupante. El juego que ofrecieron fue paupérrimo, fruto, quizá, de la improvisación con la que la empresa montó la feria.

Pese a todo, la afición cordobesa respondió a la llamada de un cartel de figuras cubriendo aproximadamente los tendidos en tres cuartas partes, pudiendo cuantificarlos en torno a diez mil u once mil personas. Demostrado quedó que en Córdoba hay ganas de toros aunque haya a quien le interese seguir con la cantinela de que los cordobeses no van a los toros.

Pues bien, con todo esto, hicieron el paseíllo Morante de la Puebla y José María Manzanares a los que siguió el peruano Andrés Roca Rey, que se presentaba en Córdoba y que fue un oasis en el desierto en que se convirtió la tarde.

Morante de la Puebla, dio la de cal y la de arena. La de cal en el que abría plaza, “Malaluno” de nombre, con el que no pudo estirarse de capote. Tras una primera vara, en la que el toro quedó dormido en el peto, tomó un segundo puyazo breve. Ya en el segundo tercio destacó José Antonio Carretero con dos buenos pares. Con la franela, el animal embestía sin codicia y el de La Puebla acompañó las bobas embestidas con gusto, sin obligar en exceso a su antagonista y componiendo la figura como sólo Morante puede hacer. En un momento de la faena, pareció venirse arriba el de Zalduendo y comenzó a sonar la música para después de un maravilloso cambio de mano no alcanzar el vuelo deseado. Fue faena larga que concluyó con unos ayudados por alto con la marca de la casa. Con la espada pinchazo sin soltar y estocada trasera y algo tendida que, sin embargo, tuvo efectos fulminantes. Saludó una cariñosa ovación desde el tercio.

Y si esa era la de cal, Morante dio la de arena en el cuarto. No quiso ni verlo desde el principio. Evidente desde el tendido. Encomendó la brega a José Antonio Carretero, que llevó al toro al caballo en los dos larguísimos puyazos (y cuando digo larguísimos es porque fueron larguísimos) y el mismo banderillero lo sacó de los petos. Después de un discreto tercio de banderillas, Morante abrevió de forma escandalosa. Desconfiado y siempre a dos manos, pasó la muleta por la cara de “Corpulento”. No hubo intención de más. Y se fue a por la espada para, tras tres pinchazos, una estocada casi entera, dos descabellos y un aviso, escuchar una magnífica (por las proporciones) pitada del público.

Manzanares nadó en tierra de nadie. Pechó con un lote acorde al resto del encierro y pese a sus intentos no pudo conseguir el lucimiento salvo en momentos muy determinados. Con su primero, “Sordo”, que había banderilleado sensacionalmente Rafael Rosa, comenzó su faena toreando en línea recta, ya que el de Zalduendo cuando se le obligaba por abajo protestaba con un molestísimo calamocheo e incluso perdiendo las manos. Eficaz como siempre con la espada, lo despenó de una certera estocada para, posteriormente, saludar una ovación. Igual paisaje en el quinto de la tarde, “Pícaro” de nombre. Con unas embestidas tan descompuestas y con gañafones al final del muletazo, el de Alicante, aunque lo intentó, no consiguió alcanzar el vuelo. Estocada algo desprendida, dos descabellos y nuevo saludo desde el tercio.

Y cuando parecía que la tarde iba a ser desierto, llegó Roca Rey. El peruano tiene vitola de figura y en Córdoba lo ha justificado. Con el recibo de capa a  “Terrible” ya mostró sus credenciales. Variadísimo, con verónicas, chicuelinas… sacándose al burel hacia los medios entre los olés generalizados. Lo dejó crudo en el caballo para brindar la faena al público cordobés. Inicio de faena vibrante, con pases cambiados ajustadísimos citando desde lejos al toro, que hizo múltiples amagos de rajarse desde el inicio mismo de la faena. Pero el peruano puso toda la carne en el asador, pudiéndole al toro de principio a fin. Por el pitón derecho alcanzó mayor profundidad bajándole la mano y corriéndola con hondura. Por el izquierdo la embestida era mucho menos lucida. Al final el toro cantó la gallina y se rajó descaradamente. Lo que quería hacer desde el principio. Cuando ya tenía una oreja cortada falló a espadas y todo quedó reducido a saludar desde el tercio.

En el que cerraba plaza, “Altanero”, volvió roca Rey a apostar y ganó. Volvió a medir el castigo en varas. En esta ocasión el inicio de faena fue por estatuarios, ganando terreno y rematando en los medios. Pese a que el toro no era de triunfo a Roca Rey le valen casi todos los toros, porque cuando el de Zalduendo no llegó el diestro puso lo restante.  Las embestidas, como fue la tónica de la tarde, muy descompuestas, pero el peruano puso mando y fé en su obra, que finalizó con circulares invertidos, péndulo y unas meritorias manoletinas en los medios con el toro ya huidizo hacia las tablas. Una estocada bastó y tras un aviso cortó una oreja pedida con muchísima fuerza por el público que reconoció así la magnífica disposición del torero toda la tarde.

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Córdoba. Segunda de abono. Tres cuartos de entrada.

Toros de Zalduendo. Muy justos de presencia, algunos pobres de cara. Corrida sin casta, moviéndose sin codicia y en general deslucida. Al arrastre: pitos, pitos, pitos, división, pitos y pitos.

Morante de la Puebla: Ovación y bronca tras aviso.

José María Manzanares: Ovación y ovación.

Andrés Roca Rey: Ovación y oreja tras aviso.

En las cuadrillas, destacó José Antonio Carretero, con los palos en el primero y en la brega del cuarto, y Rafael Rosa, con las banderillas en el segundo.

Rafael Sánchez Pineda

Fotos: José Carlos Millán

Vídeo: FIT