Entrega y triunfo de “Lagartijo” en Montoro

img_20161008_195747A hombros junto a Padilla y “El Fandi”

A Javier Moreno solo le valía el triunfo esta tarde. Con ese objetivo entre ceja y ceja llegaba a Montoro, con la intención de no dejar atrás ni un solo gramo de voluntad para conseguir lo pretendido. Y así salió a buscarlo. Desde el primer segundo. Desde que vio salir por chiqueros al tercero de la tarde y lo espero sin que apenas llegara a los burladeros con las dos rodillas en tierra para torearlo a la verónica. No le importó que a la cuarta le arrancara el capote, pues raudo se hizo con otro y se plantó en los medios por gaoneras, rematando con una escalofriante larga de rodillas en la misma boca de riego. Actitud. A por todas. Cierto es que todo transcurría al máximo de revoluciones, a tope de pulsaciones en unos instantes de mucha intensidad. Graduó el volumen “Lagartijo” en las tafalleras de un quite abrochado con una larga cordobesa y dejó crudo en el caballo el de Jaralta, que mantuvo su movilidad en el último tercio. Desdén en los pases por alto de inicio, muy “en Benítez”, y toreo con la diestra que mantenía la atención y el nivel de los decibelios en los aplausos al retamar las tandas. Dos circulares invertidos, por donde el novillo cantó su buen pitón izquierdo, dieron paso a una segunda parte del trasteo más redondo, justo después de un desarme. Ahí vino una buena tanda el natural, la mejor de la faena. El cierre, por bernardinas, fue vibrante, con volterera incluida. No le importó a Javier, que siguió queriendo mucho y dejó casi media estocada arriba que fue suficiente. Dos orejas.

Y otras dos del último, un ejemplar más deslucido, con el que firmó una faena de menos a más, sustentando el final en un toreo de cercanías que conectó con el tendido, con un público que se entregó a la entrega del novillero. Quiso matar en la suerte de recibir y la colocación de la espada fue defectuosa. No importó. El doble trofeo volvió a ir a sus manos.

Tres en total se llevó “El Fandi”, que sorteó el mejor lote de la corrida. Su primero, segundo de la tarde, fue un buen toro. Dos largas en el tercio y un quite por chicuelinas fue lo destacado de Fandila en este turno con la capa. Fue a cuartear para el primer par de banderillas y resbaló, pasando un momento de apuro. A partir de ahí, un tercio lucido en el que aprovechó el buen galope del animal y llevó el clamor a los tendidos. En la muleta, el de Jaralta tuvo importancia. No regaló ninguna embestida y pidió mando en todo lo que se le hacía. Ahí el granadino anduvo muy desigual, sin el poder necesario para someter y llevar el viaje del toro por el pitón derecho y sin la confianza y la firmeza que el toreo al natural hubiese requerido, después de que en un cambio de mano a punto estuviese de ser volteado. Faena pues de cantidad, mucha, y tono menor en calidad, ante un toro con transmisión y duración, al que despenó de media estocada caída, siendo premiado con dos orejas.

Otra más sumó en el cuarto, otro buen Jaralta, este con más calidad, que recibió un fuerte puyazo. Hasta cuatro pares de banderillas le zampó el granadino, sin que nadie pidiera el cuarto. Aquí se le vio más a gusto con la muleta, dejando algún pasaje estimable ante las enclasadas embestidas que ofrecía el animal. Estocada a la segunda y descabello, que no fueron obstáculo para la petición y concesión del trofeo.

Juan José Padilla quiso agradar desde el primer momento y en sus dos toros se puso de rodillas en el tercio para recibirlos con sendas largas cambiadas. Cinco años y un día han pasado de aquella tarde de Zaragoza que marcó un antes y un después en tantas cosas. El jerezano sigue siendo todo voluntad y superación en su día a día. De hecho, llegaba a Montoro seguramente resentido aún de un fuerte percance, con traumatismo craneal, sufrido días atrás en Povedilla. Más allá de su disposición, lo cierto es que en lo artístico su tarde no despegó. Ante el primero, que fue noble pero duró poco, realizó un trasteo discreto en dos tandas por cada pitón, buscando cercanías y adornos en el epílogo. Se le fue la espada abajo en un feo metisaca, para finalizar de estocada trasera. Cariñosa primera oreja, como cariñosa fue la segunda, obtenida de un animal, el cuarto, que se fue al picador que hacía la puerta y recibió un mal puyazo, y al que Padilla tardó en encontrar terrenos para banderillear con acierto, demorando un tercio en el que se dio demasiada capa. Antes, había quitado por navarras, quizá lo último más destacado de su actuación, pues el trasteo muleteril careció de contenido, ya que toro se rajó muy pronto y solo dio opción a tirar de recursos que puntuaran para el triunfo material. Un triunfo que llegó a pesar de tener que usar hasta en cuatro ocasiones el descabello, después de una estocada trasera. Lo dicho, mucho cariño en Montoro para Padilla.

Al final, la terna a hombros, y el más joven, “Lagartijo”, feliz por cumplir el objetivo que tenía fijado para esta tarde. Lo hizo desde la entrega sin reservas, desde el querer sin límite. Desde donde todo puede ser posible. Esa será la base para afianzar virtudes y seguir puliendo defectos. El sueño de ser matador de toros sigue vigente. Y está más cerca.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Montoro. Corrida mixta. Tres cuartos de entrada en tarde espléndida.

Cuatro toros y dos novillos de Jaralta. Bien presentados y de juego desigual. Los mejores, segundo, tercero y quinto. Al arrastre: palmas, palmas, palmas, algunos pitos, silencio y silencio.

Juan José Padilla: Oreja y oreja.

David Fandila “El Fandi”: Dos orejas y oreja.

Javier Moreno “Lagartijo”: Dos orejas y dos orejas.

Juan J. Espinosa

Fotos: Marta Verdugo