Los graves problemas de competencia desleal mediante el “túnel”

túnelEn los últimos tiempos cada vez es más común encontrar en la práctica aquello que se conoce como “el túnel”. Se da el caso de que ciertos actuantes en festejos acuden cobrando una cantidad de dinero inferior a la estipulada en el sueldo base, es decir, por debajo de los honorarios mínimos establecidos.

La economía española atraviesa tiempos difíciles en los que la sociedad tiene que adaptarse a una forma de vida distinta a la que tenían hace un tiempo. Esto también ha afectado al sector taurino de manera que se han reducido notablemente los festejos en comparación de unos años con otros. Las grandes ferias han tenido que reducir sus abonos y en algunos pueblos donde antes se daban un par de corridas de toros, ahora optan por prescindir de estos festejos o reducirlos, en el mejor de los casos, a una novillada sin caballos o  becerrada. A todo esto, hay que sumarle el aumento del porcentaje de IVA que se paga para la organización de los festejos, el cual también se aplica en los sueldos de los actuantes, incrementándose a un 21% en las corridas de toros, novilladas y rejones.

Teniendo en cuenta estas cuestiones y sumando todos los gastos que conlleva organizar espectáculos de este tipo, hay empresarios que deciden organizarlos bajo coste, es decir, pagando a los actuantes, ganaderos, etc. unos honorarios que no son rentables para poder vivir de su profesión. Además, esto desencadena en la situación de que, en el caso de aquellas personas que deciden actuar bajo mínimos, los que no están dispuestos a entrar en “el túnel” y mantenerse en la posición de vivir de su profesión cobrando por sus actuaciones el sueldo base estipulado, se encuentran en la situación de que torean poco o directamente tienen que dedicarse a otro tipo de quehaceres para poder vivir.

Por tanto, el tema del  “túnel” no sólo está presente en el sector de los subalternos o jefes de cuadrilla, sino también en el sector ganadero, aunque en éste no haya establecidos unos honorarios base como en los matadores, banderilleros, mozos de espadas…y además, también se está haciendo notar en el sector del periodismo taurino.

Son muchas las empresas que en los últimos tiempos organizan festejos pagando sueldos inferiores a los mínimos establecidos en el Convenio.En los boletines de cotización a la Seguridad Social que reciben los actuantes como prueba de su actuación en el festejo que corresponda, en la cantidad de dinero que reflejan esos boletines, suele aparecer la cantidad que supuestamente han percibido y que corresponde al sueldo base estipulado.En la práctica, centrándome en los casos donde los actuantes han accedido al “túnel”, esa cantidad no se corresponde con la que han percibido en realidad, ya que en el caso de que el actuante haya firmado su boletín y presta su consentimiento, no hay forma alguna de demostrar que ese empresario ha pagado una cantidad inferior a la estipulada. Por tanto, el problema persiste.

Atendiendo a esta problemática que se plantea, el Convenio Colectivo Nacional Taurino es una solución transitoria, pues este texto hasta ahora se había demostrado insuficiente para paliar la nefasta situación de los profesionales taurinos y en concreto, de este grave problema de competencia desleal mediante “el túnel”. Volviendo a la problemática de las empresas, en estos años se ha producido un incremento notorio en el volumen de impagos a toreros por parte de algunas empresas.En la mayoría de los casos nos encontramos con empresas insolventes, que se crean sólo y exclusivamente para funcionar durante una temporada incumpliendo sus obligaciones con toreros, ganaderos, ayuntamientos, y defraudando también a la Hacienda Pública y a la Seguridad Social. Terminada la temporada, tales empresas se abandonan cargadas de deudas y responsabilidades, para ser sustituidas por otras empresas, administradas por  nuevos e insolventes testaferros, a quienes se les dan un puñado de euros por poner su firma.

Este problema se agrava cuando nos encontramos que, año tras año, este tipo de empresas se hacen con plazas de toros gracias a la tolerancia de ciertos Ayuntamientos, a quienes sólo les preocupa que en su plaza se den toros gastando lo menos posible, sin importarles cómo ni de qué manera se den.

Tampoco es de extrañar la complicidad de algunos toreros, que compiten deslealmente con los compañeros, contratándose a sabiendas con semejantes empresarios, aceptando torear de balde, o por menos de los gastos, o de aquellos apoderados que contratan a su torero con quien sea con tal de llevarse una comisión.

Otro de los sectores afectados por el tema de impagos por parte de las empresas es el sector de las ganaderías de toros de lidia. Hace algunos años, la cría del toro se consideraba una actividad que representaba el derroche de recursos y el ganadero era símbolo de una clase ociosa, en otros casos era un individuo de noble estirpe y que por vocación se dedicaba a criar toros de lidia, pasando dicha actividad de padres a hijos.

Hoy día, la actividad referida no se entiende como tal, puesto que el ganadero, pese a la responsabilidad que tiene, no se le toma en cuenta en muchas ocasiones y además, incluso en la mayoría de éstas, se le culpa de todo lo que esté relacionado con el comportamiento de sus animales.

Hay que tener en cuenta la situación socioeconómica por la que atravesamos, la cual ha afectado notoriamente al sector taurino en general. Concretamente, el sector de la ganadería se ve afectado aún más por una serie circunstancias que expongo a continuación: la caída del número de festejos celebrados en España se ha acentuado aún más con respecto a otras temporadas en los últimos años, por lo que un gran número de animales se queda en el campo. Ante esta situación, muchos ganaderos optan por varias opciones entre las que se encuentran la de enviar sus toros al matadero irremediablemente y obtener una cantidad de dinero a cambio de las carnes, la venta de toros a algunas Peñas que los compran para correrlos en encierros por las calles, y otra opción que está últimamente de moda, como es la venta de la bravura a colectivos de aficionados prácticos.

El comprometido manejo al que se debe someter a las reses, propiciado por la actual situación sanitaria (erradicación de enfermedades tradicionales como la tuberculosis y brucelosis y la lucha contra enfermedades como la lengua azul) fuerzan al ganadero a someter a los animales a un mayor manejo. Con ello también aumenta el número de accidentes: desde problemas de pitones como astillados, hasta peleas con lesiones de más o menos consideración, pasando por un sinfín de incidencias, razones por las que algunos ganaderos optan por enfundar los pitones de sus toros.

La difícil situación del campo, motivada por una sequía mantenida durante algunos años, seguida de lluvias torrenciales, no fueron óptimas ni para el suelo, ni para el ganado, ya que los nutrientes dieron como resultado una producción de pasto a destiempo y de peor calidad, teniendo el ganadero que alimentar los animales durante más tiempo con piensos, cuyos costes han aumentado de precio considerablemente.

Haciendo un balance de todos estos gastos y la posición que ocupa la figura del ganadero en la actualidad, mantener una ganadería supone asumir la pérdida de una elevada cantidad de dinero y muy pocos son los casos en los que pueden vivir exclusivamente de esta actividad.

A todo esto, hay que sumarle el problema de los impagos que sufren algunos ganaderos por parte de empresas que deciden comprar sus toros para que sean lidiados en los festejos que organizan.

Por estas razones y al no tener respaldo alguno de instituciones ni tener unos honorarios mínimos establecidos como los propios toreros, el sector se encuentra desamparado y los ganaderos se ven obligados a vender sus reses a bajo precio sin poder defender el producto que tanto esfuerzo y dinero les cuesta criar y mantener.

En el peor de los casos, se les plantea el problema de impagos, donde solo tienen la posibilidad de pleitear para reclamar lo que les corresponde.Ante la situación, hay ganaderos que no tienen otra opción más que la de vender su ganadería o directamente eliminarla, lo que conlleva en algunos casos concretos, a contribuir en la pérdida de ciertos encastes minoritarios.

Pero aquí no acaba el problema, en los últimos años, el “túnel” también ha llegado al sector del periodismo taurino. Desde medios que “contratan” como corresponsales a personas no cualificadas a las que no resarcen con dinero alguno, hasta contratar a personas que entienden de la materia pero con tal de ver sus nombres anunciados en las principales revistas o portales taurinos, no tienen ningún reparo en hacer sus reportajes o escribir sus crónicas, plasmando sus nombres gratis. O casi gratis en el mejor de los casos.

Tal es la relevancia que ha tenido el “túnel” en este sector que profesionales dedicados a la información taurina con notables trayectorias y que además, viven o intentan vivir dignamente de la actividad que ejercen, se han visto desplazados total o parcialmente de sus responsabilidades.

Por tanto, podría decirse que la práctica del “túnel” se encuentra en todos los sectores del ámbito taurino y desgraciadamente, por una razón u otra, cada vez se deja más entrever.

Verónica Ruiz