Nunca se fue…

FinitoRecién comenzada la temporada con el pistoletazo de salida en Olivenza y seguidamente Valencia, se van perfilando las ferias y las tardes van tomando nombre propio.

Terminadas Fallas, se habla de los grandes triunfos de El Juli en sus dos tardes pero sobre todo se habla de dos toreros, que sin haber tenido triunfos rotundos en cuanto a orejas, han destacado en cuanto a sus actuaciones. Uno de ellos es Morante de la Puebla y el otro Finito de Córdoba. Este último sólo estaba anunciado una tarde y tras la cogida de Enrique Ponce, se vio anunciado una más donde demostró el momento que atraviesa.

No es casualidad que esto sea así, puesto que de un tiempo para acá muchos anticipaban lo que está ocurriendo ahora, y es que aunque muchos consideraron que se había ido, siempre siguió estando ahí.

Por edad, no pude vivir la época considerada como de máximo esplendor del torero de Córdoba, porque Finito es de Córdoba y así lo consideran los aficionados de aquella bendita tierra, quienes no dudaron en acogerlo como su torero y seguirlo incluso hasta las Américas, pero me hubiese encantado vivirla.

Gracias a las nuevas tecnologías sí que puedo disfrutar de esa época a través de vídeos que están al alcance de todos y darme cuenta de lo grande que debió ser aquella época para el toreo en general.

No me canso de ver aquella tarde en Madrid del 17 de mayo de 1993 ante toros de Mari Carmen Camacho, en la que tuvo una gran actuación, recordada como “el día del agua” ya que no dejó de llover durante toda la corrida. Como tampoco me cansaré de ver la faena al toro “Guapillo” de Aldeanueva ese mismo año, al que le cortó las dos orejas en Madrid y consiguió abrir la ansiada puerta grande de Las Ventas.

Pero todo eso es pasado. En el presente sigue aquí, igual que perdura la personalidad, su concepto, sus virtudes y sus defectos, pero aquí.

Es difícil alcanzar la cumbre pero mucho más difícil mantenerse en ella cuando además se atraviesan momentos difíciles, que también los ha habido. La afición sigue manteniendo la ilusión y el interés por verlo y eso a fin de cuentas, es lo que vale.

Y como dicen los tanguillos del gran Vicente Amigo “la luna estaba dormida, la desperté, Finito está toreando vamos a ver”. Pues eso, que la luna se siga despertando y que nosotros lo veamos.

Verónica Ruiz