Opinión: Si Sevilla es Sevilla y Finito es Finito…

FINO_SEVILLA2De todos los ejercicios de fe que un “finitista” o afín al toreo de Juan Serrano ha hecho siempre con más rigor, es acudir a la Real Maestranza de Sevilla las tardes en las que el nombre del diestro de El Arrecife aparecía impreso en los carteles. Una fe con fundamento, arraigada en una mañana abrileña de hace 25 años – se cumplen la próxima semana -, cuando ese inmenso torero que es hoy, se presentó como novillero en el coso del Baratillo arropado por miles de cordobeses, poniendo de acuerdo a los de aquí y de allí. Vinieron después más pruebas, más pilares donde sustentar esa fe de creer en que Sevilla volverá verlo, a sentirlo, a tenerlo entre sus predilectos, si es que alguna vez dejó de serlo.

En total, con el de hoy, 33 paseíllos como matador de toros, más otros 5 como novillero. Infinidad de esperanzas, de deseos, de pálpitos, de esos “hoy va a ser” con los que hemos acudido al más sagrado de los templos del toreo, al reclamo de Finito de Córdoba. Sevilla lo vio en plenitud y lo esperó muchas veces. Sevilla empujó y alentó con esos silencios que poco a poco van ganando intensidad hasta estallar en el “bieeeen” y posteriormente en el “ole” provocado por las punzadas que sólo el toreo puro y eterno puede provocar. Y reservó siempre el pasodoble “Manolete” para acompañar con sus sones faenas grandes, momentos únicos, instantes imborrables. Sensibilidad, esa es la palabra. Y eso, para mí, es Sevilla.

Han pasado seis años, seis. Más de un lustro desde la última vez que estas sensaciones que hoy nos invaden se hicieron presentes. Y reconozco, honestamente, que al igual que la ausencia me pareció ajustada a méritos – o deméritos en este caso -, también me ha parecido excesivamente prolongada, lo cual hace que la ganas, más si cabe, se acrecienten.

No he hecho lo de antaño en los últimos días; ver vídeos, repasar fotos… No ha hecho falta porque lo esencial está dentro, grabado para siempre en la retina. Tampoco voy con la apuesta o la certeza de una Puerta del Príncipe, que no quiere decir que no la desee. Sinceramente, lo que me ronda, lo que llevo días soñando, son veinte muletazos que hagan crujir los cimientos maestrantes. Que como otras veces ocurrió, de esos instantes efímeros quede la huella en el alma de los presentes y aunque pase mucho tiempo se diga aquello, dicho también tantas veces, de “cómo estuvo Finito aquel día”. Quizá algunos piensen que soy conformista, que no aspiro a mucho. Pero a quien así lo haga, le invito a que medite sobre si pensar en veinte muletazos exquisitos, de los que te llenan desde el cite hasta el remate, pasando por un embroque inolvidable y un trazo singular e inimitable, es conformismo o ambición, viendo lo que se ve en muchas ocasiones, incluída la Maestranza.

Confío y mucho en este reencuentro. Confío en el momento que atraviesa el torero, en la expectación levantada, en que, aunque han pasado tantos años, muchos seguirán acudiendo al reclamo de su nombre en el cartel, haciendo cientos e incluso miles de kilómetros. Confío en la suerte también, que siempre es importante. Y confío en que las tardes que a Juan Serrano le queden en Sevilla, no serán sino un cierre de historia a la altura de su grandeza torera. Porque lo que bien empezó, bien debe terminar.

Y sin querer jugar a ser adivino, y sólo deseando que el importante factor toro aparezca, puedo decir que hoy, si Sevilla es Sevilla y Finito es Finito, algo bello nos espera en la tarde más esperada.

Juan J. Espinosa